CAPEX vs OPEX: qué significan estos términos y en cuál debería enfocarse nuestra empresa

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Gastar dinero nunca es plato de buen gusto para ninguna empresa (salvo que estemos en ‘The Office’ y nuestro jefe sea Steve Carell), pero invertir es fundamental para que cualquier negocio prospere. Toda compañía, recién creada o asentada en su mercado, necesita de oficinas, personal, suministros, recursos informáticos, transporte y un largo etcétera de elementos que hemos de anotar en rojo en el balance.

Cualquier financiero que se digne de su nombre lo primero que nos dirá es que los gastos no pueden superar, en condiciones normales, los ingresos que obtengamos. Una regla a la que debemos añadir excepciones como el período de madurez de una startup (en el que sobrevive con los recursos captados de fondos o el capital aportado por los propios fundadores) o ciertos ejercicios puntuales en los que se ha de realizar una gran inversión cuyo rendimiento se notará a futuro.

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Pero si ahondamos un poco más en lo que son los gastos mismos, hay dos tipologías claras de aligerar la cartera de la empresa para dotarse de los elementos necesarios para su funcionamiento. Dos fórmulas de entender la compañía y de gestionar los bienes y activos de la firma. Dos vías de comprender dónde está el valor del negocio -concibiendo como tal la propiedad de los bienes o, por el contrario, optando por su mero consumo- que se denominan CAPEX y OPEX…

CAPEX

CAPEX es el acrónimo de ‘gastos de capital’. Bajo esta denominación podremos englobar todas aquellas partidas en las que hayamos comprado o invertido en bienes físicos que aumenten nuestra capacidad productiva y que, ahora, son propiedad de la corporación. También se incluyen en esta parcela los gastos de mantenimiento de los activos que ya posee el negocio, siempre y cuándo estos no vayan dirigidos a la mera reparación de los mismos sino a la expansión de su vida útil (un ejemplo a gran escala lo encontramos en las obras de mejora que permiten alargar la vida útil de algunas centrales eléctricas).

Desde un punto de vista fiscal, los gastos considerados como CAPEX no se contabilizan de inmediato como coste, sino que se amortizan a lo largo de varios ejercicios en función de su depreciación. Supone, por tanto, una forma de ajustar mejor o repartir la carga económica de estas compras en más de un año (normalmente tres cursos).

OPEX

En el lado contrario de la ecuación encontramos el OPEX, considerado como el ‘gasto operativo’. En este apartado encontramos la mayoría de movimientos de efectivo, costes de explotación, costes recurrentes de un producto, sistema o compañía, costes de empleados y alquileres de instalaciones.

En estos casos, no hablamos de inversiones en bienes sino de alquileres o suministros de consumo. Comprar o usar, propiedad o servicio, podríamos concluir. En el lado positivo del OPEX figura que no requiere grandes cantidades de dinero en un inicio y que tener más partidas de este tipo nos permite ser más flexibles y ágiles a la hora de transformar nuestro negocio respecto a los gastos CAPEX. En el negativo, todo el montante destinado en OPEX debemos reportarlo en la cuenta de pérdidas y ganancias del ejercicio en vigor.

Existe una analogía muy sencilla de aplicar si nos vamos hacia el mundo tecnológico. Un gasto tipo CAPEX podría ser la construcción de un nuevo centro de datos en el que alojar las principales aplicaciones de la compañía. Por el contrario, un gasto OPEX sería la contratación de servidores cloud a Amazon Web Services para prestar exactamente la misma funcionalidad.

¿Qué es mejor?

Muchas empresas dudan en cuál de estas dos parcelas deben enfocarse más, si en el CAPEX o en el OPEX. Una elección que presenta muchos interrogantes (los bienes en propiedad son un activo más de la empresa, pero inaccesibles para muchos negocios modestos o que no quieren estar atados) que tiene difícil respuesta. Pero nos atrevemos a ofrecerles algunas recomendaciones según la clase de compañía de la que hablemos:

  • Empresas con gastos de capital elevados y necesarios para su actividad: existen industrias que, por su propia naturaleza, exigen tener la propiedad de los bienes básicos para su actividad. Englobamos en esta categoría a segmentos como las telecomunicaciones o las empresas energéticas.
  • Empresas dedicadas a servicios/consultoría: en estos casos, la propiedad de los bienes no aporta ninguna ventaja competitiva, con lo que la recomendación es optar por los gastos OPEX para mejorar la flexibilidad, agilidad y escalabilidad del negocio.
  • Startups: también en estos casos es recomendable optar por OPEX en lugar de CAPEX. ¿La razón? Los enormes costes iniciales de comprar recursos tecnológicos o bienes inmobiliarios supone un lastre muy difícil de asumir por una empresa de reciente creación. Además, el valor de las startups de base digital reside en su producto o servicio, no en la infraestructura que exista detrás.

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